La amo tanto, su nombre es Melissa.
ñ.ñ
jueves, 28 de abril de 2011
martes, 26 de abril de 2011
ese abrazo q él no me dio
Estaba pensativa, pues en medio de mis amanecidas, el reloj me daba el susto de no poder seguir dormida. Pensé en ese chico una vez más. La vez que me cogió entre sus fuertes brazos y sentía también como se deslizaba ese sudor frío que al tocar mi cuerpo me provocaba una sensación de éxtasis. Su marcado pecho palpitaba fuerte, y no me podía acercar a sus labios por la idea pecaminosa que sentía, además de la vergüenza que surgía. Él me acercó a su pecho, pensé que no me soltaría, mas me alejó cuando vio venir a otra persona. Me gustaba cuando me abrazaba, creo que era la única manera de que me haga sentir mujer, como acariciaba mi espalda y en ocasiones me besaba el hombro derecho. Quería decirle que no me dejara, que a su lado era dichosa. Era él quien no quería escucharlo, entonces nunca lo dije. A Jhonatan lo veía casi diario, estaba en el salón de al lado y me gustaba ver como jugaba fútbol. Pedí permiso al profesor, manché mi blusa con pintura y debía mojarlo. Salí y lo vi a él jugando con su grupo. Sacudí la cabeza y volví a despertar. Me atraía en la mirada, veía tal vez a un héroe que quería que me rescate, o tal vez veía a un padre por alguna razón. Entendí que se lo podía dar todo en un abrazo, pero no pedía más, ni sus abrazos llegaron luego. Sus palabras se desvanecen en el viento, pues sé que era prohibido que él correspondiera a una chica simple como yo. Sé que nunca podría ser su enamorada, porque por más que se lo pidiera, él no podía vivir así y yo tampoco. Creo ser una chica normal, aunque lo vea en mis recuerdos, no pasará de eso.
lunes, 18 de abril de 2011
hasta luego
Hasta luego
En cielo está estampado,
el laberinto del destino,
aquel destino que se supone
es incierto.
Hasta luego,
mejor dicho, hasta nunca;
no nos volveremos a ver,
no porque no quiera,
ambos lo deseamos así.
Tal vez fue porque no entendíamos,
tal vez porque no escuchábamos,
pero sabíamos que nos dolía,
a pesar de eso, nadie habló.
Que el cielo puede ser,
extraño y cruel a la vez,
pero no quiero,
tampoco me atrevo,
pasar por ese lugar
que a ambos nos hace mal,
hasta luego y ya no,
nunca más de nuevo.
Ahora tus lágrimas me lo confirman,
que entendías también ese dolor,
de decir “no puedo”,
de decir ya no lo haré nunca más.
Que el cielo puede ser,
extraño y cruel a la vez,
pero no quiero,
tampoco me atrevo.
Hasta luego y ya no,
no nos volveremos a encontrar,
hasta luego y ya no,
ya nunca me verás más.
En cielo está estampado,
el laberinto del destino,
aquel destino que se supone
es incierto.
Hasta luego,
mejor dicho, hasta nunca;
no nos volveremos a ver,
no porque no quiera,
ambos lo deseamos así.
Pero ¿estás segura?
No pienso dar paso atrás,
sin embargo aún dudas,
y tu duda hace dudar mi duda.
Que no podía nada encontrar,
ahora me voy con nada,
tenerlo todo,
y ahora nada de nada.
Que hasta luego, mejor dicho,
hasta nunca,
no nos volveremos a ver,
no porque no quiera,
si mis labios te llaman ahora.
Hasta luego,
nos veremos ese día,
en que tú ya me hayas olvidado.
Hasta luego y ya no,
no porque no quiera.
Hasta luego y no olvides,
que te quiero demasiado.
En cielo está estampado,
el laberinto del destino,
aquel destino que se supone
es incierto.
Hasta luego,
mejor dicho, hasta nunca;
no nos volveremos a ver,
no porque no quiera,
ambos lo deseamos así.
Tal vez fue porque no entendíamos,
tal vez porque no escuchábamos,
pero sabíamos que nos dolía,
a pesar de eso, nadie habló.
Que el cielo puede ser,
extraño y cruel a la vez,
pero no quiero,
tampoco me atrevo,
pasar por ese lugar
que a ambos nos hace mal,
hasta luego y ya no,
nunca más de nuevo.
Ahora tus lágrimas me lo confirman,
que entendías también ese dolor,
de decir “no puedo”,
de decir ya no lo haré nunca más.
Que el cielo puede ser,
extraño y cruel a la vez,
pero no quiero,
tampoco me atrevo.
Hasta luego y ya no,
no nos volveremos a encontrar,
hasta luego y ya no,
ya nunca me verás más.
En cielo está estampado,
el laberinto del destino,
aquel destino que se supone
es incierto.
Hasta luego,
mejor dicho, hasta nunca;
no nos volveremos a ver,
no porque no quiera,
ambos lo deseamos así.
Pero ¿estás segura?
No pienso dar paso atrás,
sin embargo aún dudas,
y tu duda hace dudar mi duda.
Que no podía nada encontrar,
ahora me voy con nada,
tenerlo todo,
y ahora nada de nada.
Que hasta luego, mejor dicho,
hasta nunca,
no nos volveremos a ver,
no porque no quiera,
si mis labios te llaman ahora.
Hasta luego,
nos veremos ese día,
en que tú ya me hayas olvidado.
Hasta luego y ya no,
no porque no quiera.
Hasta luego y no olvides,
que te quiero demasiado.
La sombra del Misterio- suspiros del miedo
Mi nombre es Ulric, soy un chico aparentemente normal, tengo 20 años, y estoy estudiando en la universidad. Digo aparentemente normal porque soy como cualquier joven que entre la muchedumbre pasa desapercibido, pero no puedo negar que como algunos saben de mi, me ven como su fuera un monstruo. Hace un tiempo atrás, ya viene a ser casi como 5 años atrás, descubrí que soy diferente a ellos. Soy detective, a pesar que varios me digan que no lo soy, he resuelto muchos casos complicados y he pasado por riesgos tales que me han convertido en lo que soy, y me ayudaron a descubrirme desde mi interior. Sea milagro o maldición, poseo una sangre especial, gracias a ella pude sobrevivir a riesgos increíbles, pero también en ocasiones me domina. Esta sangre es como una espada de doble filo, la cual al tiempo de ayudarme también me hace perder la razón algunas veces. Es la sustancia que encontré en ella la que debo descubrir para poder evitar hacer daño a mis seres queridos. Es aquel sujeto que posee la misma sangre que yo al que debo encontrar para que me revele los misterios que ha manipulado, y son los muchos casos con los me he topado para llegar donde estoy. Mi historia no comienza aquí, sin embargo están clavadas en mi memoria como fue que descubrí en mí un mundo que desconocía. Es así como ahora me presento, un chico entre ustedes, soy aquel que trata de ser héroe y estoy a un paso de ser el villano. Todo empezó hace 5 años…
sábado, 16 de abril de 2011
ESTE MALDITO DOLOR DE ESPALDA
Ouch! Haber dejado pasar un dolor producido desde hace casi 10 años, me ha causado un terrible malestar en mi espalda. Así es pues, cuando era pequeño me precipité jugando sobre una roca con forma de rueda y la caída fue tal que aquella roca me recibió con su lado más jorobado. Fue mi espalda, justo por las vértebras de la columna lumbar, y llegando al coxis, por donde recibí el impacto. Fue pues en el colegio, en un recreo de primaria, cuando justo había tocado el timbre de regreso a clase, el juego consistía en hacer rodar esa roca con las piernas (estando parado sobre ésta), ya todos habían pasado, justo en mi turno tocó el bendito timbre. No quería quedarme como aquel que se intimidó y no lo hizo. De extremo a extremo de un patio pequeño. Traté de hacerlo rápido, pero en medio de un giro no previsto, sentí como mi pie no pisaba donde debería. De pronto vi el cielo frente a mí, mi pie izquierdo volaba y el derecho tocaba la roca en el suelo. Mi cuerpo se iba hacia atrás junto con los brazos sin poder hacer nada. Recibí el golpe con las últimas vertebras de mi columna. El paisaje daba vueltas conmigo, y agradezco no haber recibido el impacto con la cabeza, pero ¡qué caramba de dolor el de ahora! En ese momento no dolía ni una pizca, es más me levanté con el miedo de que el profesor me gritase por llegar tarde.
Ahora, tengo 18 años, y no puedo a veces ni mantenerme en pie, el dolor que existe en la espalda es tanto así que siento como si alguien estuviera metiendo dos agujas finas y muy largas, a la vez frías y precisas justo en las últimas vertebras de toda la columna. La sensación de dolor es tan brusca por ratos que al menor movimiento puede activarse y dejarme inmovilizado en la posición en la que me encuentre. Un dolor nos indica en el cuerpo que algo no está funcionando como debería. Es una experiencia sensorial desagradable, que podemos experimentar todos los seres vivientes con un sistema nervioso. En mi caso, de los tipo de dolor que existen (punzante, opresivo, lacerante, etc.) experimenté principalmente el punzante. Hincones en la cintura tan precisos que te sorprenden y te hacen sacudir la cabeza con un movimiento de arco reflejo muy rápido.
El dolor apareció poco a poco, y lo dejé llegar a este extremo. Inmediatamente después de que el daño se vuelva insoportable e impredecible, cosa que no debí esperar, me embarqué en la búsqueda de un remedio efectivo. Existen un montón de respuestas al dolor de espalda, y las que encontré me llevaron al asombro. Al principio, como un dolor cualquiera y como todos cuando nos sentimos mal, recurrí al médico. Fui un día de verano de hace dos años al consultorio del doctor dentro del edificio “Las Palmeras”, llegué al cuarto piso entonces. Le tengo mucho respeto al doctor, es amigo de la familia, y siempre acurre a nuestros llamados. No era tan alto, ni gordo, su bigote era su insignia. Me dijo que si lo que iba a hacerme no me curaba, significaba que debo ir al psicólogo (por posible alto grado de estrés). Me revisó la espalda e hizo lo que supongo siempre hace, me dijo que aparentemente estaba normal. Después de revisar unas radiografías que nos pidió, solo me hizo aquello que se conoce como “infiltración”. Me inyectó a la columna, justo donde duele, un analgésico y un antiinflamatorio. Fue ahí donde experimente una nueva clase de dolor justo en la espalda y de nuevo donde me dolía. Al día siguiente estuve bien, parece que hizo efecto. Pero el alivio no duró por mucho tiempo, en menos de una semana, para ser más exactos fueron dos días después, que el dolor volvió con la misma intensidad de antes. Así pues, con el dolor palpitando en la parte inferior de mi espalda, sólo dejé que se pase, como usualmente ocurre. Es al menor movimiento que el dolor vuelve, sea cual sea el momento y sin ni siquiera intentar hacer algo brusco, sino el simple hecho de caminar podía provocar que se despertara el dolor.
Otra de las alternativas para solucionar el dolor de las cuales encontré es el masaje de relajación, es del tipo de masaje del cual se puede realizar en cualquier sauna, es un masaje que por decir, te pone las vértebras en su sitio, mas únicamente por un rato, luego regresa el dolor como antes, el tiempo de relajación depende de acuerdo a cada individuo, en mi caso pasó el dolor por medio día. Me llamó la atención como lo hacen, uno puede sentirse un emparedado ese momento. Te encuentras echado sobre esas camillas clásicas de masajes, no importa si boca arriba o boca abajo, y vierten sobre uno un montón de cremas, que unas calientan, otras relajan, y otras inclusive hacen bajar de peso. Recibía siempre la sesión con música de “la inolvidable”. No funcionó después de todo.
Ya cansado de este resultado y con el dolor latiendo al finalizar la columna, no tenía por donde encontrar algo aunque sea para que me alivie el dolor. Existen los parches fortificantes, que antes tenían cierto poder curativo, ahora lo único que hacen es incomodar con el pegamento adherible cuando ya se pasa el momento de alivio (que dicho sea de paso, el tiempo de consuelo del dolor es menor cada vez con estos parches). Al dolor que siento en las vértebras, se le puede sumar que por un tiempo mi espalda estuvo descubierta y me hice pasar frio directamente. Los ejercicios al aire libre y las clases de natación, crearon un nuevo dolor justo donde ya antes tenía el dolor incrustado como mondadientes en las encías.
Habiendo probado muchos métodos, me recomendaron ir a un “huesero”. Tenía que probar todo tipo de solución, así que indagué por uno bueno. Fui donde un señor, ya tiene su edad y parecía saber mucho. Me llamó la atención que también tenga bigotes (muy diferentes al de mi otro médico). Su mostacho tenía un estilo acantinflado. El huesero (quiropráctico con otras creencias) era del mismo tamaño que mi doctor y un tanto más joven. La frase que me dijo me asustó: “lo de tu espalda es muy grave, sobretodo porque ya viene de hace mucho tiempo, son años, así que hay la posibilidad de que si hacemos el ‘reajuste’ no funcione, solo te empeoraría la espalda y no haya remedio en ese caso, y si en caso si resultara lo que vaya a hacerte, no podrás hacer nada por lo menos unos meses”. Salí del lugar y mientras más me alejaba, más crecía la idea de no someterme a su tratamiento, el dolor en la espalda es horrible, pero no quiero arriesgarme a estar peor. Llegaban las crisis, el dolor es incomodísimo, no podía estar mucho tiempo de pie por la intensidad del dolor. Me preocupé más de lo normal pensando si estoy así ahora como estaré cuando sea mayor. Volví a los dos días, y bajo un miedo de poder malograr mi espalda, regresé donde el huesero (que resultó ser un quiropráctico más conocido de lo que creía, su consultorio estaba lleno ese día) y salí vendado de la cintura. Después de mucho tiempo, esta vez sentí como el dolor no se notaba. El dolor había bajado mucho. Para aliviar un poco más y desaparecer completamente el dolor, una tía de mi mamá le dijo que recurriera a las plantas medicinales, en especial aquella que al simple mencionar me causa escalofríos… Ortiga.
La ortiga es una planta llena de espinitas, es conocida por su alivio en el dolor muscular al poseer entre sus propiedades la cualidad de ser analgésica y antiinflamatoria. Al escuchar que puede ser una solución, sentí como un hilo de agua helada bajando por mi espalda ¿será en verdad posible? Pues fui y busque por esa planta, me dijeron que busque aquella que sea de tallo negro (es mucho mejor que la de tallo blanco y mucho más fuerte). Una vez que la encontré, me sorprendí por la cantidad de espinitas que tenía, así que con mucho cuidado lo llevé a casa. Antes de dormir debía frotarme aquella planta lleva de espinas en la espalda, no entendía como solucionaría eso al dolor, pero me la frote fuerte y constante. Experimenté una nueva sensación, las espinas de la planta de tallo negro me estaban hincando cada una, a eso, mi cuerpo empezaba a crear un calor propio muy agradable. Lo que no era para nada agradable era como esas espinas parecía que entraban en mi espalda y cada una empezaba a quemar, justo donde tenía ese maldito dolor de espalda. La sensación era soportable hasta cierto punto. Terminé la frotación, me sacudí y limpié mi espalda, pero el hormigueo continuaba, al ya no haber ninguna hoja ni espina en mi espalda, la sensación era como si siguieran ahí. Seguía hincando y seguía quemando. Sin hacer mucho con eso, me fui a dormir. Al día siguiente desperté y sentía como si mi espalda estuviera adormecida. El dolor estaba pasando. Fueron después de años, que el dolor en verdad se estaba yendo. Entonces continué frotándome uno que otro día. Hasta ahora, el dolor sigue, pero gracias a Dios que ha bajado mucho, continuaré con este remedio un tanto brusco, a pesar que me han dicho que no funciona. De no ser así, seguiré en el camino de poder curarme este dolor. Lo que deseo es podar caminar normal, como antes que me cayera sobre esa roca jorobada.
Ahora, tengo 18 años, y no puedo a veces ni mantenerme en pie, el dolor que existe en la espalda es tanto así que siento como si alguien estuviera metiendo dos agujas finas y muy largas, a la vez frías y precisas justo en las últimas vertebras de toda la columna. La sensación de dolor es tan brusca por ratos que al menor movimiento puede activarse y dejarme inmovilizado en la posición en la que me encuentre. Un dolor nos indica en el cuerpo que algo no está funcionando como debería. Es una experiencia sensorial desagradable, que podemos experimentar todos los seres vivientes con un sistema nervioso. En mi caso, de los tipo de dolor que existen (punzante, opresivo, lacerante, etc.) experimenté principalmente el punzante. Hincones en la cintura tan precisos que te sorprenden y te hacen sacudir la cabeza con un movimiento de arco reflejo muy rápido.
El dolor apareció poco a poco, y lo dejé llegar a este extremo. Inmediatamente después de que el daño se vuelva insoportable e impredecible, cosa que no debí esperar, me embarqué en la búsqueda de un remedio efectivo. Existen un montón de respuestas al dolor de espalda, y las que encontré me llevaron al asombro. Al principio, como un dolor cualquiera y como todos cuando nos sentimos mal, recurrí al médico. Fui un día de verano de hace dos años al consultorio del doctor dentro del edificio “Las Palmeras”, llegué al cuarto piso entonces. Le tengo mucho respeto al doctor, es amigo de la familia, y siempre acurre a nuestros llamados. No era tan alto, ni gordo, su bigote era su insignia. Me dijo que si lo que iba a hacerme no me curaba, significaba que debo ir al psicólogo (por posible alto grado de estrés). Me revisó la espalda e hizo lo que supongo siempre hace, me dijo que aparentemente estaba normal. Después de revisar unas radiografías que nos pidió, solo me hizo aquello que se conoce como “infiltración”. Me inyectó a la columna, justo donde duele, un analgésico y un antiinflamatorio. Fue ahí donde experimente una nueva clase de dolor justo en la espalda y de nuevo donde me dolía. Al día siguiente estuve bien, parece que hizo efecto. Pero el alivio no duró por mucho tiempo, en menos de una semana, para ser más exactos fueron dos días después, que el dolor volvió con la misma intensidad de antes. Así pues, con el dolor palpitando en la parte inferior de mi espalda, sólo dejé que se pase, como usualmente ocurre. Es al menor movimiento que el dolor vuelve, sea cual sea el momento y sin ni siquiera intentar hacer algo brusco, sino el simple hecho de caminar podía provocar que se despertara el dolor.
Otra de las alternativas para solucionar el dolor de las cuales encontré es el masaje de relajación, es del tipo de masaje del cual se puede realizar en cualquier sauna, es un masaje que por decir, te pone las vértebras en su sitio, mas únicamente por un rato, luego regresa el dolor como antes, el tiempo de relajación depende de acuerdo a cada individuo, en mi caso pasó el dolor por medio día. Me llamó la atención como lo hacen, uno puede sentirse un emparedado ese momento. Te encuentras echado sobre esas camillas clásicas de masajes, no importa si boca arriba o boca abajo, y vierten sobre uno un montón de cremas, que unas calientan, otras relajan, y otras inclusive hacen bajar de peso. Recibía siempre la sesión con música de “la inolvidable”. No funcionó después de todo.
Ya cansado de este resultado y con el dolor latiendo al finalizar la columna, no tenía por donde encontrar algo aunque sea para que me alivie el dolor. Existen los parches fortificantes, que antes tenían cierto poder curativo, ahora lo único que hacen es incomodar con el pegamento adherible cuando ya se pasa el momento de alivio (que dicho sea de paso, el tiempo de consuelo del dolor es menor cada vez con estos parches). Al dolor que siento en las vértebras, se le puede sumar que por un tiempo mi espalda estuvo descubierta y me hice pasar frio directamente. Los ejercicios al aire libre y las clases de natación, crearon un nuevo dolor justo donde ya antes tenía el dolor incrustado como mondadientes en las encías.
Habiendo probado muchos métodos, me recomendaron ir a un “huesero”. Tenía que probar todo tipo de solución, así que indagué por uno bueno. Fui donde un señor, ya tiene su edad y parecía saber mucho. Me llamó la atención que también tenga bigotes (muy diferentes al de mi otro médico). Su mostacho tenía un estilo acantinflado. El huesero (quiropráctico con otras creencias) era del mismo tamaño que mi doctor y un tanto más joven. La frase que me dijo me asustó: “lo de tu espalda es muy grave, sobretodo porque ya viene de hace mucho tiempo, son años, así que hay la posibilidad de que si hacemos el ‘reajuste’ no funcione, solo te empeoraría la espalda y no haya remedio en ese caso, y si en caso si resultara lo que vaya a hacerte, no podrás hacer nada por lo menos unos meses”. Salí del lugar y mientras más me alejaba, más crecía la idea de no someterme a su tratamiento, el dolor en la espalda es horrible, pero no quiero arriesgarme a estar peor. Llegaban las crisis, el dolor es incomodísimo, no podía estar mucho tiempo de pie por la intensidad del dolor. Me preocupé más de lo normal pensando si estoy así ahora como estaré cuando sea mayor. Volví a los dos días, y bajo un miedo de poder malograr mi espalda, regresé donde el huesero (que resultó ser un quiropráctico más conocido de lo que creía, su consultorio estaba lleno ese día) y salí vendado de la cintura. Después de mucho tiempo, esta vez sentí como el dolor no se notaba. El dolor había bajado mucho. Para aliviar un poco más y desaparecer completamente el dolor, una tía de mi mamá le dijo que recurriera a las plantas medicinales, en especial aquella que al simple mencionar me causa escalofríos… Ortiga.
La ortiga es una planta llena de espinitas, es conocida por su alivio en el dolor muscular al poseer entre sus propiedades la cualidad de ser analgésica y antiinflamatoria. Al escuchar que puede ser una solución, sentí como un hilo de agua helada bajando por mi espalda ¿será en verdad posible? Pues fui y busque por esa planta, me dijeron que busque aquella que sea de tallo negro (es mucho mejor que la de tallo blanco y mucho más fuerte). Una vez que la encontré, me sorprendí por la cantidad de espinitas que tenía, así que con mucho cuidado lo llevé a casa. Antes de dormir debía frotarme aquella planta lleva de espinas en la espalda, no entendía como solucionaría eso al dolor, pero me la frote fuerte y constante. Experimenté una nueva sensación, las espinas de la planta de tallo negro me estaban hincando cada una, a eso, mi cuerpo empezaba a crear un calor propio muy agradable. Lo que no era para nada agradable era como esas espinas parecía que entraban en mi espalda y cada una empezaba a quemar, justo donde tenía ese maldito dolor de espalda. La sensación era soportable hasta cierto punto. Terminé la frotación, me sacudí y limpié mi espalda, pero el hormigueo continuaba, al ya no haber ninguna hoja ni espina en mi espalda, la sensación era como si siguieran ahí. Seguía hincando y seguía quemando. Sin hacer mucho con eso, me fui a dormir. Al día siguiente desperté y sentía como si mi espalda estuviera adormecida. El dolor estaba pasando. Fueron después de años, que el dolor en verdad se estaba yendo. Entonces continué frotándome uno que otro día. Hasta ahora, el dolor sigue, pero gracias a Dios que ha bajado mucho, continuaré con este remedio un tanto brusco, a pesar que me han dicho que no funciona. De no ser así, seguiré en el camino de poder curarme este dolor. Lo que deseo es podar caminar normal, como antes que me cayera sobre esa roca jorobada.
jueves, 7 de abril de 2011
Todo se inundó de luz
mi felicidad reparte sonrisas
risas infantiles se escapan
y en el brillo de mis ojos
se pueden leer sentimientos.
Sabía que sucedería.
Cómo no iba a ser así.
Sabía que serías tú
llamando a mi alma
con madurez y amor,
comprensión y respeto,
Cuánto te amo,
y cuánto me amas.
Lo sé, lo sé, lo sé.
Lo sabía desde hace tiempo.
Tenía corazonadas
a las que espantaba
el miedo.
Y eres tú, mi amor,
mi vida entera,
quien está aquí:
nunca te fuiste,
nunca del todo,
tan cerca de mí;
no importaba nada;
me enseñaste eso.
Estábamos juntos.
Aprendí a confiar,
tú abriste tu corazón
me dejaste entrar.
Lloré entonces:
es tan bello....
Y tú no lo sabes...,
nadie lo sabía.
Yo te quiero
desde siempre...
Todos los tiempos
convocaron nuestro amor
antes de nuestro nacimiento.
Y cuando nos cruzamos
un vínculo
más fuerte
que los huracanes
que el mal tiempo,
que la distancia,
y que el dolor,
que la dificultad
humana y el pesimismo
más fuerte que el miedo,
y que todo,
nos unió,
pues aquí estamos,
tú y yo,
de nuevo,
frente a frente
enamorados,
amándonos,
comprendiéndonos,
comunicándonos,
y riendo, riendo, riendo,
que tus besos sean felices
y sepa yo así manternerlos
con viva llama de fuego.
hermoso poema, llegó justo a tiempo , gracias ( no me sé el titulo) lo encontre en http://danzandoencasasolaydescalza.blogspot.com/ y la verdad me encantó. Lo hallé sin querer y sin buscarlo, estuve buscando fotos de gatitos y encontre este poema que puede describir tanto amor. Muy lindo !!! gracias http://danzandoencasasolaydescalza.blogspot.com/
mi felicidad reparte sonrisas
risas infantiles se escapan
y en el brillo de mis ojos
se pueden leer sentimientos.
Sabía que sucedería.
Cómo no iba a ser así.
Sabía que serías tú
llamando a mi alma
con madurez y amor,
comprensión y respeto,
Cuánto te amo,
y cuánto me amas.
Lo sé, lo sé, lo sé.
Lo sabía desde hace tiempo.
Tenía corazonadas
a las que espantaba
el miedo.
Y eres tú, mi amor,
mi vida entera,
quien está aquí:
nunca te fuiste,
nunca del todo,
tan cerca de mí;
no importaba nada;
me enseñaste eso.
Estábamos juntos.
Aprendí a confiar,
tú abriste tu corazón
me dejaste entrar.
Lloré entonces:
es tan bello....
Y tú no lo sabes...,
nadie lo sabía.
Yo te quiero
desde siempre...
Todos los tiempos
convocaron nuestro amor
antes de nuestro nacimiento.
Y cuando nos cruzamos
un vínculo
más fuerte
que los huracanes
que el mal tiempo,
que la distancia,
y que el dolor,
que la dificultad
humana y el pesimismo
más fuerte que el miedo,
y que todo,
nos unió,
pues aquí estamos,
tú y yo,
de nuevo,
frente a frente
enamorados,
amándonos,
comprendiéndonos,
comunicándonos,
y riendo, riendo, riendo,
que tus besos sean felices
y sepa yo así manternerlos
con viva llama de fuego.
hermoso poema, llegó justo a tiempo , gracias ( no me sé el titulo) lo encontre en http://danzandoencasasolaydescalza.blogspot.com/ y la verdad me encantó. Lo hallé sin querer y sin buscarlo, estuve buscando fotos de gatitos y encontre este poema que puede describir tanto amor. Muy lindo !!! gracias http://danzandoencasasolaydescalza.blogspot.com/
lunes, 14 de febrero de 2011
UN LEGENDARIO NIÑO
¿Crees en la magia? Pues a Jesús la magia era lo único esperanzador…
Hay diversos secretos en toda una historia. Hay historias escondidas en un espíritu construido por toda una nación. Podemos llamarlos a estos hechos como misterios, y son estos misterios los cuales al ser develados son parte de una realidad que nosotros mismos no creeríamos. Pues es cuestión de solo creer, confiar y tener fe en la magia que esconde este misterio. Cree y verás lo que con los ojos no son visibles. En todo el Perú, hay secretos en su misma historia que pueden estar en nuestras propias narices.
Se acercaba el fin de año escolar, quienes están más entusiasmados por este evento son los alumnos de La Gran Unidad de Varones de Tacna, pues a ellos les encantaba la idea de salir de viaje de promoción. El viaje tenía como destino la ciudad capital, Lima. Fue el salón de sexto grado de la sección “B” de primaria el cual cambiaría completamente durante el viaje, sobretodo por el alumno Jesús. El niño de 10 años era el menor de todo el aula, era un muchacho aplicado pero solo ocupaba el segundo lugar académicamente de su clase, era un niño pequeño, delgado y con una mirada única. Tenía sus amigos quienes lo protegían, ya que era el “punto” del curso. Tenía la ventaja de ser amigo del más grande del salón, Alex lo defendía de cualquier abusivo, ya que él mismo también era un abusivo. Jesús era muy amigable con quienes les mostraban su afecto, pero tímido con las personas que solo trataban de molestarlo.
Así pues, llegó el día en que deberían salir de viaje. El bus que los llevaría a la ciudad capital era de los clásicos buses, de esos que son los típicos que se usan en los viajes interprovinciales. Todos subieron casi en un parpadeo. El pequeño Jesús era el único al que no le agradaba la idea de ir, prefería quedarse y olvidarse de todo su salón por al menos unos cuantos días. Tenía su equipaje listo, una gran maleta y una pequeña mochila que le colgaba de su cuello y espalda. Su cabello alborotado se movía de acuerdo al viento, y sus manos sujetaban fuerte un fólder con unos dibujos elaborados por él mismo.
Jesús no quería ir de viaje, tenía un presentimiento tan acertado que cuando puso el primer pie en una de la gradas del autobús, soltó su fólder. Siguió, no tenía otra opción, se había resignado a terminar con esto de una buena vez. El niño era tímido, solo era amigo con quienes le presentaba confianza, y casi nadie en su salón se lo mostraba. Su mejor amigo, Alex, le había separado un asiento al lado suyo, casi al fondo del bus.
El ambiente del mismo bus era tan tenso para él, solo quería que esto eso se acabara.
De esta manera salieron de viaje, sin promesas ni augurios de mejorar, ni mucho menos la intención de darle gusto a sus compañeros de verlo con la moral alicaída. A pesar que le fastidiaba todas las bromas pesadas no se doblegaba por nada y no se mostraba afectado por lo que le hacían. Sin embargo, ni se le pasaba por la mente lo que el resto de sus compañeros de salón estaban preparando.
Ya de noche, a eso de las 9, fue en una de las paradas que hacía el bus, llegaron a un grifo para abastecer de combustible vehiculo que los transportaba. El profesor encargado estaba durmiendo, y casi todo el viaje estuvo así, solo estaba despierto el momento de la comida a bordo. Los alumnos bajaron del bus, como para que vayan a los servicios higiénicos del mismo grifo. Jesús bajó del bus con su amigo Alex. Era con el con quien se sentía bien protegido, ambos fueron al baño. De entre las sombras y muy cautelosamente, los otros compañeros los siguieron, apagaron la luz del baño y separaron a Jesús de Alex. El gran amigo de Jesús, siendo uno de los más recios del grupo no dejó de moverse para zafarse de casi los quince compañeros que lo sujetaban de todo el cuerpo. Luego, uno de ellos, se acercó corriendo y con un palo de escoba en sus manos que lo estrelló en la cabeza de Alex para desmayarlo. Como el suelo del baño estaba mojado, se resbaló y al llegar al suelo perdió el conocimiento.
Jesús estaba asustado, otros cinco chicos lo habían acorralado en una esquina del baño. El líder de estos, empezó a hablar:
- Así que no te damos miedo ¿verdad?
- No le tengo miedo a unos sujetos como ustedes- contestó Jesús con tono altivo
- Encima de todo te pones sabroso con nosotros- habló otro
- Se pueden ir al demonio ustedes juntos- al terminar de hablar, Jesús le tiró un escupitajo al líder.
- No perderemos tiempo contigo- dijo el mal compañero limpiándose la cara- hemos planeado algo especial para ti, así que antes que se vaya el bus…
- Eres un maldito- susurró Jesús y enviaba un fuerte puñetazo al bravucón.
Estando todo a oscuras, el malvado recibió el golpe, pero fue justo ahí cuando los demás los agarraron de las piernas y brazos. Un sexto se acercó con unas sogas y lo amarraron de pies hasta los hombros y lo arrogaron a la espalda del grifo. Dejándolo inconciente, todos se subieron al bus y nadie dijo nada de lo que había pasado.
Jesús estaba encolerizado, pero su venganza llegaría luego, porque su leyenda se escribe desde ahí.
Hay diversos secretos en toda una historia. Hay historias escondidas en un espíritu construido por toda una nación. Podemos llamarlos a estos hechos como misterios, y son estos misterios los cuales al ser develados son parte de una realidad que nosotros mismos no creeríamos. Pues es cuestión de solo creer, confiar y tener fe en la magia que esconde este misterio. Cree y verás lo que con los ojos no son visibles. En todo el Perú, hay secretos en su misma historia que pueden estar en nuestras propias narices.
Se acercaba el fin de año escolar, quienes están más entusiasmados por este evento son los alumnos de La Gran Unidad de Varones de Tacna, pues a ellos les encantaba la idea de salir de viaje de promoción. El viaje tenía como destino la ciudad capital, Lima. Fue el salón de sexto grado de la sección “B” de primaria el cual cambiaría completamente durante el viaje, sobretodo por el alumno Jesús. El niño de 10 años era el menor de todo el aula, era un muchacho aplicado pero solo ocupaba el segundo lugar académicamente de su clase, era un niño pequeño, delgado y con una mirada única. Tenía sus amigos quienes lo protegían, ya que era el “punto” del curso. Tenía la ventaja de ser amigo del más grande del salón, Alex lo defendía de cualquier abusivo, ya que él mismo también era un abusivo. Jesús era muy amigable con quienes les mostraban su afecto, pero tímido con las personas que solo trataban de molestarlo.
Así pues, llegó el día en que deberían salir de viaje. El bus que los llevaría a la ciudad capital era de los clásicos buses, de esos que son los típicos que se usan en los viajes interprovinciales. Todos subieron casi en un parpadeo. El pequeño Jesús era el único al que no le agradaba la idea de ir, prefería quedarse y olvidarse de todo su salón por al menos unos cuantos días. Tenía su equipaje listo, una gran maleta y una pequeña mochila que le colgaba de su cuello y espalda. Su cabello alborotado se movía de acuerdo al viento, y sus manos sujetaban fuerte un fólder con unos dibujos elaborados por él mismo.
Jesús no quería ir de viaje, tenía un presentimiento tan acertado que cuando puso el primer pie en una de la gradas del autobús, soltó su fólder. Siguió, no tenía otra opción, se había resignado a terminar con esto de una buena vez. El niño era tímido, solo era amigo con quienes le presentaba confianza, y casi nadie en su salón se lo mostraba. Su mejor amigo, Alex, le había separado un asiento al lado suyo, casi al fondo del bus.
El ambiente del mismo bus era tan tenso para él, solo quería que esto eso se acabara.
De esta manera salieron de viaje, sin promesas ni augurios de mejorar, ni mucho menos la intención de darle gusto a sus compañeros de verlo con la moral alicaída. A pesar que le fastidiaba todas las bromas pesadas no se doblegaba por nada y no se mostraba afectado por lo que le hacían. Sin embargo, ni se le pasaba por la mente lo que el resto de sus compañeros de salón estaban preparando.
Ya de noche, a eso de las 9, fue en una de las paradas que hacía el bus, llegaron a un grifo para abastecer de combustible vehiculo que los transportaba. El profesor encargado estaba durmiendo, y casi todo el viaje estuvo así, solo estaba despierto el momento de la comida a bordo. Los alumnos bajaron del bus, como para que vayan a los servicios higiénicos del mismo grifo. Jesús bajó del bus con su amigo Alex. Era con el con quien se sentía bien protegido, ambos fueron al baño. De entre las sombras y muy cautelosamente, los otros compañeros los siguieron, apagaron la luz del baño y separaron a Jesús de Alex. El gran amigo de Jesús, siendo uno de los más recios del grupo no dejó de moverse para zafarse de casi los quince compañeros que lo sujetaban de todo el cuerpo. Luego, uno de ellos, se acercó corriendo y con un palo de escoba en sus manos que lo estrelló en la cabeza de Alex para desmayarlo. Como el suelo del baño estaba mojado, se resbaló y al llegar al suelo perdió el conocimiento.
Jesús estaba asustado, otros cinco chicos lo habían acorralado en una esquina del baño. El líder de estos, empezó a hablar:
- Así que no te damos miedo ¿verdad?
- No le tengo miedo a unos sujetos como ustedes- contestó Jesús con tono altivo
- Encima de todo te pones sabroso con nosotros- habló otro
- Se pueden ir al demonio ustedes juntos- al terminar de hablar, Jesús le tiró un escupitajo al líder.
- No perderemos tiempo contigo- dijo el mal compañero limpiándose la cara- hemos planeado algo especial para ti, así que antes que se vaya el bus…
- Eres un maldito- susurró Jesús y enviaba un fuerte puñetazo al bravucón.
Estando todo a oscuras, el malvado recibió el golpe, pero fue justo ahí cuando los demás los agarraron de las piernas y brazos. Un sexto se acercó con unas sogas y lo amarraron de pies hasta los hombros y lo arrogaron a la espalda del grifo. Dejándolo inconciente, todos se subieron al bus y nadie dijo nada de lo que había pasado.
Jesús estaba encolerizado, pero su venganza llegaría luego, porque su leyenda se escribe desde ahí.
lunes, 31 de enero de 2011
EL LOBO Y EL LOCO 2da parte
Estuvo bien, entonces el niño hombre que no era hombre sino caballero y muy varón mostraba unas ganas terribles de llamar la atención. El Loco no era un figureti, era más bien aquel quien se moría de las ganas de hacer conocer su arte que no era arte. Como su mundo es tan extraño y su realidad está desconectada de lo que realmente parece conectarse, mi amigo Enrique fue al inicio del año un solitario. Pero sus propias imágenes y voces que creaba no lo convertían en un solitario que andaba solo, sino en un solitario rodeado de gente que él mismo había creado.
Por otro lado, el lobo soy yo. Me llamo Jesús, soy el lobo porque durante las olimpiadas celebradas en la universidad tuve que disfrazarme de lobo para alentar al equipo junto a la barra. Tal vez fui el único que se dio cuenta, pero ese día empezó el loco a conectarse de la manera de cómo debería estar conectado a la realidad que según él no era realidad sino una suposición de la verdad que no es cierta después de todo. Soy un lobo que no come ovejas, pero si me encanta la carne a pesar que me haga mal. Me percaté de un abrazo que no me dieron, pero hasta a mi me llenó de un sentimiento tan cálido. El loco, mi amigo Enrique, el niño que no es niño pero tampoco es hombre, y mejor dicho es un caballero, estaba siendo abrazado por la chica que menos me hubiera imaginado le daría una brazo. Su cabello chocaba con el del loco, sus brazos rodeaban su cuello y la expresión que mostró el loco fue de una sonrisa que podía expresar en palabras como: que lindo abrazo.
El loco no era gay, aunque tuviera varias evidencias de que pudiera serlo, en realidad no lo es. Un día le pregunté si tenía esa tendencia. Y me dio una explicación tan bien explicada que no volví a tocarle el tema, porque además que me explicó, no llegué a entender el cien por ciento de la explicación. Nunca me dijo si le explicó a la chica que lo abrazó, aunque me imagino que si lo hizo. Me di cuenta que el loco se había enamorado de la chica que pensaba que era gay, además fue la primera chica que lo abrazó con tal calidez.
Me preocupé por el loco, estuve completamente seguro que ella no le haría caso. Cuando caminaba con ella siempre miraba a los lados, y era mas que evidente lo que sucedía.
El lobo soy yo, y el loco es él. Sin embargo hay algo más en él que aún no descubro, el loco es feliz, pero no feliz como lo entienden, es feliz porque en su locura después de un lió tremendo en su propia cabeza encontró equilibrio y paz iniciándose con un abrazo tan lindo. Ha pasado mucho tiempo del loco, no lo veo. En verdad me gustaría saber que es de él. No tengo ni rastro. Le gustaban las historias de detectives y ahora parece que se metió en ese mundo. Aunque sea por un momento. La última vez que lo vi, llevaba una foto en su cuaderno de él y la chica de lindos ojos. Yo me llamo Jesús, y lo que recuerdo de él, del loco, es que su frase, no la del como que que es que mismo, sino la otra que me agradó más. “NO TE ARREPIENTAS DE LAS COSAS QUE HARÁS”.
Por otro lado, el lobo soy yo. Me llamo Jesús, soy el lobo porque durante las olimpiadas celebradas en la universidad tuve que disfrazarme de lobo para alentar al equipo junto a la barra. Tal vez fui el único que se dio cuenta, pero ese día empezó el loco a conectarse de la manera de cómo debería estar conectado a la realidad que según él no era realidad sino una suposición de la verdad que no es cierta después de todo. Soy un lobo que no come ovejas, pero si me encanta la carne a pesar que me haga mal. Me percaté de un abrazo que no me dieron, pero hasta a mi me llenó de un sentimiento tan cálido. El loco, mi amigo Enrique, el niño que no es niño pero tampoco es hombre, y mejor dicho es un caballero, estaba siendo abrazado por la chica que menos me hubiera imaginado le daría una brazo. Su cabello chocaba con el del loco, sus brazos rodeaban su cuello y la expresión que mostró el loco fue de una sonrisa que podía expresar en palabras como: que lindo abrazo.
El loco no era gay, aunque tuviera varias evidencias de que pudiera serlo, en realidad no lo es. Un día le pregunté si tenía esa tendencia. Y me dio una explicación tan bien explicada que no volví a tocarle el tema, porque además que me explicó, no llegué a entender el cien por ciento de la explicación. Nunca me dijo si le explicó a la chica que lo abrazó, aunque me imagino que si lo hizo. Me di cuenta que el loco se había enamorado de la chica que pensaba que era gay, además fue la primera chica que lo abrazó con tal calidez.
Me preocupé por el loco, estuve completamente seguro que ella no le haría caso. Cuando caminaba con ella siempre miraba a los lados, y era mas que evidente lo que sucedía.
El lobo soy yo, y el loco es él. Sin embargo hay algo más en él que aún no descubro, el loco es feliz, pero no feliz como lo entienden, es feliz porque en su locura después de un lió tremendo en su propia cabeza encontró equilibrio y paz iniciándose con un abrazo tan lindo. Ha pasado mucho tiempo del loco, no lo veo. En verdad me gustaría saber que es de él. No tengo ni rastro. Le gustaban las historias de detectives y ahora parece que se metió en ese mundo. Aunque sea por un momento. La última vez que lo vi, llevaba una foto en su cuaderno de él y la chica de lindos ojos. Yo me llamo Jesús, y lo que recuerdo de él, del loco, es que su frase, no la del como que que es que mismo, sino la otra que me agradó más. “NO TE ARREPIENTAS DE LAS COSAS QUE HARÁS”.
viernes, 28 de enero de 2011
Los días que no estuve a tiempo
Me resultó traumático, no lo podía soportar. Y como un chiquillo perdido se fue corriendo sin ningún rumbo. Mis ojos estaban con lágrimas que no se desprendían fácilmente. No sé como podía correr, sabiendo que así no se solucionaría nada. Fue un dolor tan terrible y espantoso que no se experimenta así de la nada. Quería hablar conmigo, pero mis voces solo me gritaban, pero así era, yo fui el que había hecho mal y trataba de escapar de mí mismo. No lo soportaba. sentía como se hundía mi cuerpo como cuando alguien arroja una piedra en un vaso con agua. Fue un momento que no vi venir. Sentí como mi cuerpo se caía, el asfalto aguardaba mi llegada con un polvo tan particular de las pistas vehiculares. Resulta que no vi venir ese automóvil, estoy seguro que era un Stationvagon color verde oscuro. Me asusté al ver en el pavimento unas manchas de sangre, que se iban extendiendo más y más. Fue así como vi mi cuerpo, me extrañé al verme ahí, mi ropa favorita estaba sucia y bañada en sangre. Me estuve observando desde otro punto de vista. Mi cabeza había reventado del golpe, mis ojos ya no parpadeaban y alrededor mio una multitud que se cubrían los rostros al ver tal desafortunado final del chico que solo optó por correr de sus problemas. Fue entonces que me vi a mí, estando fuera de mi propio cuerpo, vi mis manos pero no mis pies. Casi de inmediato me di cuenta que me convertí en un espectro, un fantasma, un espíritu errante que ya no pertenecía aquí. En ese momento grité tan fuerte que sentí como mi garganta se reventaba de angustia, mas nadie me escuchó. Solo en ese momento de volví a ver, vi mi cuerpo al lado mio, y tan solo con eso me empezaron a doler las piernas que no tengo, me empezó a arder la cabeza que ya no es mia, empecé a sentir ese dolor asqueroso que sentía ahora en mi cuerpo sin materia. Me di cuenta que me había muerto, y en ese justo momento... quería hacer todo lo posible para quedarme. El hecho de no poder volver a ver, a sentir, a abrazar, a reir, a soñar me hicieron sentir pena por mi mismo. Una pena que no me gustó. Por eso ya no soy un cobarde, si tengo problemas los enfrento, no los huyo, porque esa es aparte de la vida, vida que ya no tengo. Puedo caminar por todos lados, pero nadie me contestará el saludo. soy un anima, soy un espíritu que te estará cuidando siempre, asi como tu me cuidas a mi.
miércoles, 12 de enero de 2011
El Lobo y el Loco
Existen varias formas de cómo se pueden ver las cosas. Un niño que no era niño, era un hombre que era niño, con la mente tan compleja como la de un niño, y tan astuta como la de un hombre. Pero este sujeto no era hombre, ni mucho menos era niño. No piensen tampoco que era mujer, puesto que era varón. Este niño hombre se auto dominaba un caballero. Pues sí, hay diferencia entre un hombre y un caballero, sobre todo desde el punto de vista de este niño hombre que no es hombre sino caballero. El horrible miedo de este niño de 20 años era el de vivir en un mundo plagado de nada. No lo entenderíamos, es difícil ver su perspectiva. Pero si en su mundo había solo soledad, es horrible poder entender que el miedo es algo que sería normal. Su mundo no era el nuestro, si hasta yo que lo conozco tan bien me es difícil poder llegar a ese mundo en el cual él ya ha visitado muy pocas veces. Pero como me diría él mismo, como que que es qué mismo, que debemos empezar desde el inicio como le dicen. Pues bien empecemos a ver quién es.
El nombre de este amigo es Enrique, deseaba ser cantante pero nunca llegó a la nota adecuada. En fin, Enrique no era Enrique, tenía tantas exageraciones que él mismo se confundía de quién era. No sé cómo explicarlo, el deschavetado chico estaba bien perdido. Sabia de las cosas que ocurrían eran de verdad, pero las cosas que pensaban él mismo se las juraba que eran aún más reales que la misma realidad. Estaba muy confundido, tanto que en la universidad daba un poco de miedo poder hablarle. Y, aunque muy hábil, tenía momentos de cordura tan sorprendentes que en esos ratos nadie juraría que está perdido en un laberinto que el mismo creó.
Estudiamos juntos, estamos en el mismo salón. No me imagino como fue que pasó el chequeo psicológico sin que la doctora, que dicho sea de paso lo ha ido viendo posteriormente, no le había dicho nada en el momento del análisis previo a la matrícula. En la universidad, como que no fue fácil hablarle al inicio. La primera que hizo contacto con él fue una chica, que digamos no fue tan delicada con él. En los primeros días de clase, se encontraba muy perdido hasta en los horarios. No sé cómo es que venía todos los días, en su casa no lo obligaban. Me gusta pensar que en el fondo de su cabeza había cierta luz. Me acerque un día, no me acuerdo que día de la semana fue, pero lo que si no olvidaré es como me contestó el saludo y la manera de cómo mantener la conversación:
- Hola, mi nombre es Jesús- me presenté
- ¡bien!- me contestó mirándome fijamente
- Y… ¿Cómo te llamas?- le empecé a hablar
- Ah… mi nombre es Enrique, soy de los últimos guerreros santos de bronce al servicio de mi diosa, estoy aquí para evitar que el cielo se habrá y empiecen a caer los espíritus malos.
- …- una gran interrogación se posó en mi cabeza
- Me da cosa, como que que es qué mismo que no hay clases, así como obtendré el “power” que necesito- me habló.
Fue un evento muy extraño, como que de ese día decidí no volver a tratar con él, pero poco a poco me fui acercando. A simple vista no tenía amigos, bueno…, amigos hombres, solo se le veía rodeado de señoritas del mismo salón. No era porque él fuese un tipo de súper galán, tenía su pinta, pero se veía rodeado de chicas tal vez porque cuando hablaba, lo que comentaba eran cosas como que ellas entendieran. Tampoco era nada afeminado, se vestía muy casual, tenía buen gusto en lo que era ropa, pero con un color muy característico. De entre las chicas, una de ellas estaba casi completamente segura que Enrique era un gay. Maricón hasta la médula, como puede ser posible que no se hayan dado cuenta, comentaba muy seguido. Pero fue esta chica quien lo pudo volver a la realidad a este amigo tan deschavetado, muy sensible y tan complicado consigo mismo.
El nombre de este amigo es Enrique, deseaba ser cantante pero nunca llegó a la nota adecuada. En fin, Enrique no era Enrique, tenía tantas exageraciones que él mismo se confundía de quién era. No sé cómo explicarlo, el deschavetado chico estaba bien perdido. Sabia de las cosas que ocurrían eran de verdad, pero las cosas que pensaban él mismo se las juraba que eran aún más reales que la misma realidad. Estaba muy confundido, tanto que en la universidad daba un poco de miedo poder hablarle. Y, aunque muy hábil, tenía momentos de cordura tan sorprendentes que en esos ratos nadie juraría que está perdido en un laberinto que el mismo creó.
Estudiamos juntos, estamos en el mismo salón. No me imagino como fue que pasó el chequeo psicológico sin que la doctora, que dicho sea de paso lo ha ido viendo posteriormente, no le había dicho nada en el momento del análisis previo a la matrícula. En la universidad, como que no fue fácil hablarle al inicio. La primera que hizo contacto con él fue una chica, que digamos no fue tan delicada con él. En los primeros días de clase, se encontraba muy perdido hasta en los horarios. No sé cómo es que venía todos los días, en su casa no lo obligaban. Me gusta pensar que en el fondo de su cabeza había cierta luz. Me acerque un día, no me acuerdo que día de la semana fue, pero lo que si no olvidaré es como me contestó el saludo y la manera de cómo mantener la conversación:
- Hola, mi nombre es Jesús- me presenté
- ¡bien!- me contestó mirándome fijamente
- Y… ¿Cómo te llamas?- le empecé a hablar
- Ah… mi nombre es Enrique, soy de los últimos guerreros santos de bronce al servicio de mi diosa, estoy aquí para evitar que el cielo se habrá y empiecen a caer los espíritus malos.
- …- una gran interrogación se posó en mi cabeza
- Me da cosa, como que que es qué mismo que no hay clases, así como obtendré el “power” que necesito- me habló.
Fue un evento muy extraño, como que de ese día decidí no volver a tratar con él, pero poco a poco me fui acercando. A simple vista no tenía amigos, bueno…, amigos hombres, solo se le veía rodeado de señoritas del mismo salón. No era porque él fuese un tipo de súper galán, tenía su pinta, pero se veía rodeado de chicas tal vez porque cuando hablaba, lo que comentaba eran cosas como que ellas entendieran. Tampoco era nada afeminado, se vestía muy casual, tenía buen gusto en lo que era ropa, pero con un color muy característico. De entre las chicas, una de ellas estaba casi completamente segura que Enrique era un gay. Maricón hasta la médula, como puede ser posible que no se hayan dado cuenta, comentaba muy seguido. Pero fue esta chica quien lo pudo volver a la realidad a este amigo tan deschavetado, muy sensible y tan complicado consigo mismo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)