miércoles, 12 de enero de 2011

El Lobo y el Loco

Existen varias formas de cómo se pueden ver las cosas. Un niño que no era niño, era un hombre que era niño, con la mente tan compleja como la de un niño, y tan astuta como la de un hombre. Pero este sujeto no era hombre, ni mucho menos era niño. No piensen tampoco que era mujer, puesto que era varón. Este niño hombre se auto dominaba un caballero. Pues sí, hay diferencia entre un hombre y un caballero, sobre todo desde el punto de vista de este niño hombre que no es hombre sino caballero. El horrible miedo de este niño de 20 años era el de vivir en un mundo plagado de nada. No lo entenderíamos, es difícil ver su perspectiva. Pero si en su mundo había solo soledad, es horrible poder entender que el miedo es algo que sería normal. Su mundo no era el nuestro, si hasta yo que lo conozco tan bien me es difícil poder llegar a ese mundo en el cual él ya ha visitado muy pocas veces. Pero como me diría él mismo, como que que es qué mismo, que debemos empezar desde el inicio como le dicen. Pues bien empecemos a ver quién es.
El nombre de este amigo es Enrique, deseaba ser cantante pero nunca llegó a la nota adecuada. En fin, Enrique no era Enrique, tenía tantas exageraciones que él mismo se confundía de quién era. No sé cómo explicarlo, el deschavetado chico estaba bien perdido. Sabia de las cosas que ocurrían eran de verdad, pero las cosas que pensaban él mismo se las juraba que eran aún más reales que la misma realidad. Estaba muy confundido, tanto que en la universidad daba un poco de miedo poder hablarle. Y, aunque muy hábil, tenía momentos de cordura tan sorprendentes que en esos ratos nadie juraría que está perdido en un laberinto que el mismo creó.
Estudiamos juntos, estamos en el mismo salón. No me imagino como fue que pasó el chequeo psicológico sin que la doctora, que dicho sea de paso lo ha ido viendo posteriormente, no le había dicho nada en el momento del análisis previo a la matrícula. En la universidad, como que no fue fácil hablarle al inicio. La primera que hizo contacto con él fue una chica, que digamos no fue tan delicada con él. En los primeros días de clase, se encontraba muy perdido hasta en los horarios. No sé cómo es que venía todos los días, en su casa no lo obligaban. Me gusta pensar que en el fondo de su cabeza había cierta luz. Me acerque un día, no me acuerdo que día de la semana fue, pero lo que si no olvidaré es como me contestó el saludo y la manera de cómo mantener la conversación:
- Hola, mi nombre es Jesús- me presenté
- ¡bien!- me contestó mirándome fijamente
- Y… ¿Cómo te llamas?- le empecé a hablar
- Ah… mi nombre es Enrique, soy de los últimos guerreros santos de bronce al servicio de mi diosa, estoy aquí para evitar que el cielo se habrá y empiecen a caer los espíritus malos.
- …- una gran interrogación se posó en mi cabeza
- Me da cosa, como que que es qué mismo que no hay clases, así como obtendré el “power” que necesito- me habló.
Fue un evento muy extraño, como que de ese día decidí no volver a tratar con él, pero poco a poco me fui acercando. A simple vista no tenía amigos, bueno…, amigos hombres, solo se le veía rodeado de señoritas del mismo salón. No era porque él fuese un tipo de súper galán, tenía su pinta, pero se veía rodeado de chicas tal vez porque cuando hablaba, lo que comentaba eran cosas como que ellas entendieran. Tampoco era nada afeminado, se vestía muy casual, tenía buen gusto en lo que era ropa, pero con un color muy característico. De entre las chicas, una de ellas estaba casi completamente segura que Enrique era un gay. Maricón hasta la médula, como puede ser posible que no se hayan dado cuenta, comentaba muy seguido. Pero fue esta chica quien lo pudo volver a la realidad a este amigo tan deschavetado, muy sensible y tan complicado consigo mismo.

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