Estuvo bien, entonces el niño hombre que no era hombre sino caballero y muy varón mostraba unas ganas terribles de llamar la atención. El Loco no era un figureti, era más bien aquel quien se moría de las ganas de hacer conocer su arte que no era arte. Como su mundo es tan extraño y su realidad está desconectada de lo que realmente parece conectarse, mi amigo Enrique fue al inicio del año un solitario. Pero sus propias imágenes y voces que creaba no lo convertían en un solitario que andaba solo, sino en un solitario rodeado de gente que él mismo había creado.
Por otro lado, el lobo soy yo. Me llamo Jesús, soy el lobo porque durante las olimpiadas celebradas en la universidad tuve que disfrazarme de lobo para alentar al equipo junto a la barra. Tal vez fui el único que se dio cuenta, pero ese día empezó el loco a conectarse de la manera de cómo debería estar conectado a la realidad que según él no era realidad sino una suposición de la verdad que no es cierta después de todo. Soy un lobo que no come ovejas, pero si me encanta la carne a pesar que me haga mal. Me percaté de un abrazo que no me dieron, pero hasta a mi me llenó de un sentimiento tan cálido. El loco, mi amigo Enrique, el niño que no es niño pero tampoco es hombre, y mejor dicho es un caballero, estaba siendo abrazado por la chica que menos me hubiera imaginado le daría una brazo. Su cabello chocaba con el del loco, sus brazos rodeaban su cuello y la expresión que mostró el loco fue de una sonrisa que podía expresar en palabras como: que lindo abrazo.
El loco no era gay, aunque tuviera varias evidencias de que pudiera serlo, en realidad no lo es. Un día le pregunté si tenía esa tendencia. Y me dio una explicación tan bien explicada que no volví a tocarle el tema, porque además que me explicó, no llegué a entender el cien por ciento de la explicación. Nunca me dijo si le explicó a la chica que lo abrazó, aunque me imagino que si lo hizo. Me di cuenta que el loco se había enamorado de la chica que pensaba que era gay, además fue la primera chica que lo abrazó con tal calidez.
Me preocupé por el loco, estuve completamente seguro que ella no le haría caso. Cuando caminaba con ella siempre miraba a los lados, y era mas que evidente lo que sucedía.
El lobo soy yo, y el loco es él. Sin embargo hay algo más en él que aún no descubro, el loco es feliz, pero no feliz como lo entienden, es feliz porque en su locura después de un lió tremendo en su propia cabeza encontró equilibrio y paz iniciándose con un abrazo tan lindo. Ha pasado mucho tiempo del loco, no lo veo. En verdad me gustaría saber que es de él. No tengo ni rastro. Le gustaban las historias de detectives y ahora parece que se metió en ese mundo. Aunque sea por un momento. La última vez que lo vi, llevaba una foto en su cuaderno de él y la chica de lindos ojos. Yo me llamo Jesús, y lo que recuerdo de él, del loco, es que su frase, no la del como que que es que mismo, sino la otra que me agradó más. “NO TE ARREPIENTAS DE LAS COSAS QUE HARÁS”.
lunes, 31 de enero de 2011
viernes, 28 de enero de 2011
Los días que no estuve a tiempo
Me resultó traumático, no lo podía soportar. Y como un chiquillo perdido se fue corriendo sin ningún rumbo. Mis ojos estaban con lágrimas que no se desprendían fácilmente. No sé como podía correr, sabiendo que así no se solucionaría nada. Fue un dolor tan terrible y espantoso que no se experimenta así de la nada. Quería hablar conmigo, pero mis voces solo me gritaban, pero así era, yo fui el que había hecho mal y trataba de escapar de mí mismo. No lo soportaba. sentía como se hundía mi cuerpo como cuando alguien arroja una piedra en un vaso con agua. Fue un momento que no vi venir. Sentí como mi cuerpo se caía, el asfalto aguardaba mi llegada con un polvo tan particular de las pistas vehiculares. Resulta que no vi venir ese automóvil, estoy seguro que era un Stationvagon color verde oscuro. Me asusté al ver en el pavimento unas manchas de sangre, que se iban extendiendo más y más. Fue así como vi mi cuerpo, me extrañé al verme ahí, mi ropa favorita estaba sucia y bañada en sangre. Me estuve observando desde otro punto de vista. Mi cabeza había reventado del golpe, mis ojos ya no parpadeaban y alrededor mio una multitud que se cubrían los rostros al ver tal desafortunado final del chico que solo optó por correr de sus problemas. Fue entonces que me vi a mí, estando fuera de mi propio cuerpo, vi mis manos pero no mis pies. Casi de inmediato me di cuenta que me convertí en un espectro, un fantasma, un espíritu errante que ya no pertenecía aquí. En ese momento grité tan fuerte que sentí como mi garganta se reventaba de angustia, mas nadie me escuchó. Solo en ese momento de volví a ver, vi mi cuerpo al lado mio, y tan solo con eso me empezaron a doler las piernas que no tengo, me empezó a arder la cabeza que ya no es mia, empecé a sentir ese dolor asqueroso que sentía ahora en mi cuerpo sin materia. Me di cuenta que me había muerto, y en ese justo momento... quería hacer todo lo posible para quedarme. El hecho de no poder volver a ver, a sentir, a abrazar, a reir, a soñar me hicieron sentir pena por mi mismo. Una pena que no me gustó. Por eso ya no soy un cobarde, si tengo problemas los enfrento, no los huyo, porque esa es aparte de la vida, vida que ya no tengo. Puedo caminar por todos lados, pero nadie me contestará el saludo. soy un anima, soy un espíritu que te estará cuidando siempre, asi como tu me cuidas a mi.
miércoles, 12 de enero de 2011
El Lobo y el Loco
Existen varias formas de cómo se pueden ver las cosas. Un niño que no era niño, era un hombre que era niño, con la mente tan compleja como la de un niño, y tan astuta como la de un hombre. Pero este sujeto no era hombre, ni mucho menos era niño. No piensen tampoco que era mujer, puesto que era varón. Este niño hombre se auto dominaba un caballero. Pues sí, hay diferencia entre un hombre y un caballero, sobre todo desde el punto de vista de este niño hombre que no es hombre sino caballero. El horrible miedo de este niño de 20 años era el de vivir en un mundo plagado de nada. No lo entenderíamos, es difícil ver su perspectiva. Pero si en su mundo había solo soledad, es horrible poder entender que el miedo es algo que sería normal. Su mundo no era el nuestro, si hasta yo que lo conozco tan bien me es difícil poder llegar a ese mundo en el cual él ya ha visitado muy pocas veces. Pero como me diría él mismo, como que que es qué mismo, que debemos empezar desde el inicio como le dicen. Pues bien empecemos a ver quién es.
El nombre de este amigo es Enrique, deseaba ser cantante pero nunca llegó a la nota adecuada. En fin, Enrique no era Enrique, tenía tantas exageraciones que él mismo se confundía de quién era. No sé cómo explicarlo, el deschavetado chico estaba bien perdido. Sabia de las cosas que ocurrían eran de verdad, pero las cosas que pensaban él mismo se las juraba que eran aún más reales que la misma realidad. Estaba muy confundido, tanto que en la universidad daba un poco de miedo poder hablarle. Y, aunque muy hábil, tenía momentos de cordura tan sorprendentes que en esos ratos nadie juraría que está perdido en un laberinto que el mismo creó.
Estudiamos juntos, estamos en el mismo salón. No me imagino como fue que pasó el chequeo psicológico sin que la doctora, que dicho sea de paso lo ha ido viendo posteriormente, no le había dicho nada en el momento del análisis previo a la matrícula. En la universidad, como que no fue fácil hablarle al inicio. La primera que hizo contacto con él fue una chica, que digamos no fue tan delicada con él. En los primeros días de clase, se encontraba muy perdido hasta en los horarios. No sé cómo es que venía todos los días, en su casa no lo obligaban. Me gusta pensar que en el fondo de su cabeza había cierta luz. Me acerque un día, no me acuerdo que día de la semana fue, pero lo que si no olvidaré es como me contestó el saludo y la manera de cómo mantener la conversación:
- Hola, mi nombre es Jesús- me presenté
- ¡bien!- me contestó mirándome fijamente
- Y… ¿Cómo te llamas?- le empecé a hablar
- Ah… mi nombre es Enrique, soy de los últimos guerreros santos de bronce al servicio de mi diosa, estoy aquí para evitar que el cielo se habrá y empiecen a caer los espíritus malos.
- …- una gran interrogación se posó en mi cabeza
- Me da cosa, como que que es qué mismo que no hay clases, así como obtendré el “power” que necesito- me habló.
Fue un evento muy extraño, como que de ese día decidí no volver a tratar con él, pero poco a poco me fui acercando. A simple vista no tenía amigos, bueno…, amigos hombres, solo se le veía rodeado de señoritas del mismo salón. No era porque él fuese un tipo de súper galán, tenía su pinta, pero se veía rodeado de chicas tal vez porque cuando hablaba, lo que comentaba eran cosas como que ellas entendieran. Tampoco era nada afeminado, se vestía muy casual, tenía buen gusto en lo que era ropa, pero con un color muy característico. De entre las chicas, una de ellas estaba casi completamente segura que Enrique era un gay. Maricón hasta la médula, como puede ser posible que no se hayan dado cuenta, comentaba muy seguido. Pero fue esta chica quien lo pudo volver a la realidad a este amigo tan deschavetado, muy sensible y tan complicado consigo mismo.
El nombre de este amigo es Enrique, deseaba ser cantante pero nunca llegó a la nota adecuada. En fin, Enrique no era Enrique, tenía tantas exageraciones que él mismo se confundía de quién era. No sé cómo explicarlo, el deschavetado chico estaba bien perdido. Sabia de las cosas que ocurrían eran de verdad, pero las cosas que pensaban él mismo se las juraba que eran aún más reales que la misma realidad. Estaba muy confundido, tanto que en la universidad daba un poco de miedo poder hablarle. Y, aunque muy hábil, tenía momentos de cordura tan sorprendentes que en esos ratos nadie juraría que está perdido en un laberinto que el mismo creó.
Estudiamos juntos, estamos en el mismo salón. No me imagino como fue que pasó el chequeo psicológico sin que la doctora, que dicho sea de paso lo ha ido viendo posteriormente, no le había dicho nada en el momento del análisis previo a la matrícula. En la universidad, como que no fue fácil hablarle al inicio. La primera que hizo contacto con él fue una chica, que digamos no fue tan delicada con él. En los primeros días de clase, se encontraba muy perdido hasta en los horarios. No sé cómo es que venía todos los días, en su casa no lo obligaban. Me gusta pensar que en el fondo de su cabeza había cierta luz. Me acerque un día, no me acuerdo que día de la semana fue, pero lo que si no olvidaré es como me contestó el saludo y la manera de cómo mantener la conversación:
- Hola, mi nombre es Jesús- me presenté
- ¡bien!- me contestó mirándome fijamente
- Y… ¿Cómo te llamas?- le empecé a hablar
- Ah… mi nombre es Enrique, soy de los últimos guerreros santos de bronce al servicio de mi diosa, estoy aquí para evitar que el cielo se habrá y empiecen a caer los espíritus malos.
- …- una gran interrogación se posó en mi cabeza
- Me da cosa, como que que es qué mismo que no hay clases, así como obtendré el “power” que necesito- me habló.
Fue un evento muy extraño, como que de ese día decidí no volver a tratar con él, pero poco a poco me fui acercando. A simple vista no tenía amigos, bueno…, amigos hombres, solo se le veía rodeado de señoritas del mismo salón. No era porque él fuese un tipo de súper galán, tenía su pinta, pero se veía rodeado de chicas tal vez porque cuando hablaba, lo que comentaba eran cosas como que ellas entendieran. Tampoco era nada afeminado, se vestía muy casual, tenía buen gusto en lo que era ropa, pero con un color muy característico. De entre las chicas, una de ellas estaba casi completamente segura que Enrique era un gay. Maricón hasta la médula, como puede ser posible que no se hayan dado cuenta, comentaba muy seguido. Pero fue esta chica quien lo pudo volver a la realidad a este amigo tan deschavetado, muy sensible y tan complicado consigo mismo.
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