jueves, 28 de abril de 2011

de los sueños a la realidad, si se puede

La amo tanto, su nombre es Melissa.
ñ.ñ

martes, 26 de abril de 2011

ese abrazo q él no me dio

Estaba pensativa, pues en medio de mis amanecidas, el reloj me daba el susto de no poder seguir dormida. Pensé en ese chico una vez más. La vez que me cogió entre sus fuertes brazos y sentía también como se deslizaba ese sudor frío que al tocar mi cuerpo me provocaba una sensación de éxtasis. Su marcado pecho palpitaba fuerte, y no me podía acercar a sus labios por la idea pecaminosa que sentía, además de la vergüenza que surgía. Él me acercó a su pecho, pensé que no me soltaría, mas me alejó cuando vio venir a otra persona. Me gustaba cuando me abrazaba, creo que era la única manera de que me haga sentir mujer, como acariciaba mi espalda y en ocasiones me besaba el hombro derecho. Quería decirle que no me dejara, que a su lado era dichosa. Era él quien no quería escucharlo, entonces nunca lo dije. A Jhonatan lo veía casi diario, estaba en el salón de al lado y me gustaba ver como jugaba fútbol. Pedí permiso al profesor, manché mi blusa con pintura y debía mojarlo. Salí y lo vi a él jugando con su grupo. Sacudí la cabeza y volví a despertar. Me atraía en la mirada, veía tal vez a un héroe que quería que me rescate, o tal vez veía a un padre por alguna razón. Entendí que se lo podía dar todo en un abrazo, pero no pedía más, ni sus abrazos llegaron luego. Sus palabras se desvanecen en el viento, pues sé que era prohibido que él correspondiera a una chica simple como yo. Sé que nunca podría ser su enamorada, porque por más que se lo pidiera, él no podía vivir así y yo tampoco. Creo ser una chica normal, aunque lo vea en mis recuerdos, no pasará de eso.

lunes, 18 de abril de 2011

hasta luego

Hasta luego

En cielo está estampado,
el laberinto del destino,
aquel destino que se supone
es incierto.
Hasta luego,
mejor dicho, hasta nunca;
no nos volveremos a ver,
no porque no quiera,
ambos lo deseamos así.
Tal vez fue porque no entendíamos,
tal vez porque no escuchábamos,
pero sabíamos que nos dolía,
a pesar de eso, nadie habló.
Que el cielo puede ser,
extraño y cruel a la vez,
pero no quiero,
tampoco me atrevo,
pasar por ese lugar
que a ambos nos hace mal,
hasta luego y ya no,
nunca más de nuevo.
Ahora tus lágrimas me lo confirman,
que entendías también ese dolor,
de decir “no puedo”,
de decir ya no lo haré nunca más.
Que el cielo puede ser,
extraño y cruel a la vez,
pero no quiero,
tampoco me atrevo.
Hasta luego y ya no,
no nos volveremos a encontrar,
hasta luego y ya no,
ya nunca me verás más.
En cielo está estampado,
el laberinto del destino,
aquel destino que se supone
es incierto.
Hasta luego,
mejor dicho, hasta nunca;
no nos volveremos a ver,
no porque no quiera,
ambos lo deseamos así.
Pero ¿estás segura?
No pienso dar paso atrás,
sin embargo aún dudas,
y tu duda hace dudar mi duda.
Que no podía nada encontrar,
ahora me voy con nada,
tenerlo todo,
y ahora nada de nada.
Que hasta luego, mejor dicho,
hasta nunca,
no nos volveremos a ver,
no porque no quiera,
si mis labios te llaman ahora.
Hasta luego,
nos veremos ese día,
en que tú ya me hayas olvidado.
Hasta luego y ya no,
no porque no quiera.
Hasta luego y no olvides,
que te quiero demasiado.

La sombra del Misterio- suspiros del miedo

Mi nombre es Ulric, soy un chico aparentemente normal, tengo 20 años, y estoy estudiando en la universidad. Digo aparentemente normal porque soy como cualquier joven que entre la muchedumbre pasa desapercibido, pero no puedo negar que como algunos saben de mi, me ven como su fuera un monstruo. Hace un tiempo atrás, ya viene a ser casi como 5 años atrás, descubrí que soy diferente a ellos. Soy detective, a pesar que varios me digan que no lo soy, he resuelto muchos casos complicados y he pasado por riesgos tales que me han convertido en lo que soy, y me ayudaron a descubrirme desde mi interior. Sea milagro o maldición, poseo una sangre especial, gracias a ella pude sobrevivir a riesgos increíbles, pero también en ocasiones me domina. Esta sangre es como una espada de doble filo, la cual al tiempo de ayudarme también me hace perder la razón algunas veces. Es la sustancia que encontré en ella la que debo descubrir para poder evitar hacer daño a mis seres queridos. Es aquel sujeto que posee la misma sangre que yo al que debo encontrar para que me revele los misterios que ha manipulado, y son los muchos casos con los me he topado para llegar donde estoy. Mi historia no comienza aquí, sin embargo están clavadas en mi memoria como fue que descubrí en mí un mundo que desconocía. Es así como ahora me presento, un chico entre ustedes, soy aquel que trata de ser héroe y estoy a un paso de ser el villano. Todo empezó hace 5 años…

sábado, 16 de abril de 2011

ESTE MALDITO DOLOR DE ESPALDA

Ouch! Haber dejado pasar un dolor producido desde hace casi 10 años, me ha causado un terrible malestar en mi espalda. Así es pues, cuando era pequeño me precipité jugando sobre una roca con forma de rueda y la caída fue tal que aquella roca me recibió con su lado más jorobado. Fue mi espalda, justo por las vértebras de la columna lumbar, y llegando al coxis, por donde recibí el impacto. Fue pues en el colegio, en un recreo de primaria, cuando justo había tocado el timbre de regreso a clase, el juego consistía en hacer rodar esa roca con las piernas (estando parado sobre ésta), ya todos habían pasado, justo en mi turno tocó el bendito timbre. No quería quedarme como aquel que se intimidó y no lo hizo. De extremo a extremo de un patio pequeño. Traté de hacerlo rápido, pero en medio de un giro no previsto, sentí como mi pie no pisaba donde debería. De pronto vi el cielo frente a mí, mi pie izquierdo volaba y el derecho tocaba la roca en el suelo. Mi cuerpo se iba hacia atrás junto con los brazos sin poder hacer nada. Recibí el golpe con las últimas vertebras de mi columna. El paisaje daba vueltas conmigo, y agradezco no haber recibido el impacto con la cabeza, pero ¡qué caramba de dolor el de ahora! En ese momento no dolía ni una pizca, es más me levanté con el miedo de que el profesor me gritase por llegar tarde.
Ahora, tengo 18 años, y no puedo a veces ni mantenerme en pie, el dolor que existe en la espalda es tanto así que siento como si alguien estuviera metiendo dos agujas finas y muy largas, a la vez frías y precisas justo en las últimas vertebras de toda la columna. La sensación de dolor es tan brusca por ratos que al menor movimiento puede activarse y dejarme inmovilizado en la posición en la que me encuentre. Un dolor nos indica en el cuerpo que algo no está funcionando como debería. Es una experiencia sensorial desagradable, que podemos experimentar todos los seres vivientes con un sistema nervioso. En mi caso, de los tipo de dolor que existen (punzante, opresivo, lacerante, etc.) experimenté principalmente el punzante. Hincones en la cintura tan precisos que te sorprenden y te hacen sacudir la cabeza con un movimiento de arco reflejo muy rápido.
El dolor apareció poco a poco, y lo dejé llegar a este extremo. Inmediatamente después de que el daño se vuelva insoportable e impredecible, cosa que no debí esperar, me embarqué en la búsqueda de un remedio efectivo. Existen un montón de respuestas al dolor de espalda, y las que encontré me llevaron al asombro. Al principio, como un dolor cualquiera y como todos cuando nos sentimos mal, recurrí al médico. Fui un día de verano de hace dos años al consultorio del doctor dentro del edificio “Las Palmeras”, llegué al cuarto piso entonces. Le tengo mucho respeto al doctor, es amigo de la familia, y siempre acurre a nuestros llamados. No era tan alto, ni gordo, su bigote era su insignia. Me dijo que si lo que iba a hacerme no me curaba, significaba que debo ir al psicólogo (por posible alto grado de estrés). Me revisó la espalda e hizo lo que supongo siempre hace, me dijo que aparentemente estaba normal. Después de revisar unas radiografías que nos pidió, solo me hizo aquello que se conoce como “infiltración”. Me inyectó a la columna, justo donde duele, un analgésico y un antiinflamatorio. Fue ahí donde experimente una nueva clase de dolor justo en la espalda y de nuevo donde me dolía. Al día siguiente estuve bien, parece que hizo efecto. Pero el alivio no duró por mucho tiempo, en menos de una semana, para ser más exactos fueron dos días después, que el dolor volvió con la misma intensidad de antes. Así pues, con el dolor palpitando en la parte inferior de mi espalda, sólo dejé que se pase, como usualmente ocurre. Es al menor movimiento que el dolor vuelve, sea cual sea el momento y sin ni siquiera intentar hacer algo brusco, sino el simple hecho de caminar podía provocar que se despertara el dolor.
Otra de las alternativas para solucionar el dolor de las cuales encontré es el masaje de relajación, es del tipo de masaje del cual se puede realizar en cualquier sauna, es un masaje que por decir, te pone las vértebras en su sitio, mas únicamente por un rato, luego regresa el dolor como antes, el tiempo de relajación depende de acuerdo a cada individuo, en mi caso pasó el dolor por medio día. Me llamó la atención como lo hacen, uno puede sentirse un emparedado ese momento. Te encuentras echado sobre esas camillas clásicas de masajes, no importa si boca arriba o boca abajo, y vierten sobre uno un montón de cremas, que unas calientan, otras relajan, y otras inclusive hacen bajar de peso. Recibía siempre la sesión con música de “la inolvidable”. No funcionó después de todo.
Ya cansado de este resultado y con el dolor latiendo al finalizar la columna, no tenía por donde encontrar algo aunque sea para que me alivie el dolor. Existen los parches fortificantes, que antes tenían cierto poder curativo, ahora lo único que hacen es incomodar con el pegamento adherible cuando ya se pasa el momento de alivio (que dicho sea de paso, el tiempo de consuelo del dolor es menor cada vez con estos parches). Al dolor que siento en las vértebras, se le puede sumar que por un tiempo mi espalda estuvo descubierta y me hice pasar frio directamente. Los ejercicios al aire libre y las clases de natación, crearon un nuevo dolor justo donde ya antes tenía el dolor incrustado como mondadientes en las encías.
Habiendo probado muchos métodos, me recomendaron ir a un “huesero”. Tenía que probar todo tipo de solución, así que indagué por uno bueno. Fui donde un señor, ya tiene su edad y parecía saber mucho. Me llamó la atención que también tenga bigotes (muy diferentes al de mi otro médico). Su mostacho tenía un estilo acantinflado. El huesero (quiropráctico con otras creencias) era del mismo tamaño que mi doctor y un tanto más joven. La frase que me dijo me asustó: “lo de tu espalda es muy grave, sobretodo porque ya viene de hace mucho tiempo, son años, así que hay la posibilidad de que si hacemos el ‘reajuste’ no funcione, solo te empeoraría la espalda y no haya remedio en ese caso, y si en caso si resultara lo que vaya a hacerte, no podrás hacer nada por lo menos unos meses”. Salí del lugar y mientras más me alejaba, más crecía la idea de no someterme a su tratamiento, el dolor en la espalda es horrible, pero no quiero arriesgarme a estar peor. Llegaban las crisis, el dolor es incomodísimo, no podía estar mucho tiempo de pie por la intensidad del dolor. Me preocupé más de lo normal pensando si estoy así ahora como estaré cuando sea mayor. Volví a los dos días, y bajo un miedo de poder malograr mi espalda, regresé donde el huesero (que resultó ser un quiropráctico más conocido de lo que creía, su consultorio estaba lleno ese día) y salí vendado de la cintura. Después de mucho tiempo, esta vez sentí como el dolor no se notaba. El dolor había bajado mucho. Para aliviar un poco más y desaparecer completamente el dolor, una tía de mi mamá le dijo que recurriera a las plantas medicinales, en especial aquella que al simple mencionar me causa escalofríos… Ortiga.
La ortiga es una planta llena de espinitas, es conocida por su alivio en el dolor muscular al poseer entre sus propiedades la cualidad de ser analgésica y antiinflamatoria. Al escuchar que puede ser una solución, sentí como un hilo de agua helada bajando por mi espalda ¿será en verdad posible? Pues fui y busque por esa planta, me dijeron que busque aquella que sea de tallo negro (es mucho mejor que la de tallo blanco y mucho más fuerte). Una vez que la encontré, me sorprendí por la cantidad de espinitas que tenía, así que con mucho cuidado lo llevé a casa. Antes de dormir debía frotarme aquella planta lleva de espinas en la espalda, no entendía como solucionaría eso al dolor, pero me la frote fuerte y constante. Experimenté una nueva sensación, las espinas de la planta de tallo negro me estaban hincando cada una, a eso, mi cuerpo empezaba a crear un calor propio muy agradable. Lo que no era para nada agradable era como esas espinas parecía que entraban en mi espalda y cada una empezaba a quemar, justo donde tenía ese maldito dolor de espalda. La sensación era soportable hasta cierto punto. Terminé la frotación, me sacudí y limpié mi espalda, pero el hormigueo continuaba, al ya no haber ninguna hoja ni espina en mi espalda, la sensación era como si siguieran ahí. Seguía hincando y seguía quemando. Sin hacer mucho con eso, me fui a dormir. Al día siguiente desperté y sentía como si mi espalda estuviera adormecida. El dolor estaba pasando. Fueron después de años, que el dolor en verdad se estaba yendo. Entonces continué frotándome uno que otro día. Hasta ahora, el dolor sigue, pero gracias a Dios que ha bajado mucho, continuaré con este remedio un tanto brusco, a pesar que me han dicho que no funciona. De no ser así, seguiré en el camino de poder curarme este dolor. Lo que deseo es podar caminar normal, como antes que me cayera sobre esa roca jorobada.

jueves, 7 de abril de 2011

Todo se inundó de luz


mi felicidad reparte sonrisas


risas infantiles se escapan


y en el brillo de mis ojos


se pueden leer sentimientos.


Sabía que sucedería.


Cómo no iba a ser así.


Sabía que serías tú


llamando a mi alma


con madurez y amor,


comprensión y respeto,


Cuánto te amo,


y cuánto me amas.


Lo sé, lo sé, lo sé.


Lo sabía desde hace tiempo.


Tenía corazonadas


a las que espantaba


el miedo.


Y eres tú, mi amor,


mi vida entera,


quien está aquí:


nunca te fuiste,


nunca del todo,


tan cerca de mí;


no importaba nada;


me enseñaste eso.


Estábamos juntos.


Aprendí a confiar,


tú abriste tu corazón


me dejaste entrar.


Lloré entonces:


es tan bello....


Y tú no lo sabes...,


nadie lo sabía.


Yo te quiero


desde siempre...


Todos los tiempos


convocaron nuestro amor


antes de nuestro nacimiento.


Y cuando nos cruzamos


un vínculo


más fuerte


que los huracanes


que el mal tiempo,


que la distancia,


y que el dolor,


que la dificultad


humana y el pesimismo


más fuerte que el miedo,


y que todo,


nos unió,


pues aquí estamos,


tú y yo,


de nuevo,


frente a frente


enamorados,


amándonos,


comprendiéndonos,


comunicándonos,


y riendo, riendo, riendo,


que tus besos sean felices


y sepa yo así manternerlos


con viva llama de fuego.




hermoso poema, llegó justo a tiempo , gracias ( no me sé el titulo) lo encontre en http://danzandoencasasolaydescalza.blogspot.com/ y la verdad me encantó. Lo hallé sin querer y sin buscarlo, estuve buscando fotos de gatitos y encontre este poema que puede describir tanto amor. Muy lindo !!! gracias http://danzandoencasasolaydescalza.blogspot.com/

lunes, 14 de febrero de 2011

UN LEGENDARIO NIÑO

¿Crees en la magia? Pues a Jesús la magia era lo único esperanzador…



Hay diversos secretos en toda una historia. Hay historias escondidas en un espíritu construido por toda una nación. Podemos llamarlos a estos hechos como misterios, y son estos misterios los cuales al ser develados son parte de una realidad que nosotros mismos no creeríamos. Pues es cuestión de solo creer, confiar y tener fe en la magia que esconde este misterio. Cree y verás lo que con los ojos no son visibles. En todo el Perú, hay secretos en su misma historia que pueden estar en nuestras propias narices.



Se acercaba el fin de año escolar, quienes están más entusiasmados por este evento son los alumnos de La Gran Unidad de Varones de Tacna, pues a ellos les encantaba la idea de salir de viaje de promoción. El viaje tenía como destino la ciudad capital, Lima. Fue el salón de sexto grado de la sección “B” de primaria el cual cambiaría completamente durante el viaje, sobretodo por el alumno Jesús. El niño de 10 años era el menor de todo el aula, era un muchacho aplicado pero solo ocupaba el segundo lugar académicamente de su clase, era un niño pequeño, delgado y con una mirada única. Tenía sus amigos quienes lo protegían, ya que era el “punto” del curso. Tenía la ventaja de ser amigo del más grande del salón, Alex lo defendía de cualquier abusivo, ya que él mismo también era un abusivo. Jesús era muy amigable con quienes les mostraban su afecto, pero tímido con las personas que solo trataban de molestarlo.



Así pues, llegó el día en que deberían salir de viaje. El bus que los llevaría a la ciudad capital era de los clásicos buses, de esos que son los típicos que se usan en los viajes interprovinciales. Todos subieron casi en un parpadeo. El pequeño Jesús era el único al que no le agradaba la idea de ir, prefería quedarse y olvidarse de todo su salón por al menos unos cuantos días. Tenía su equipaje listo, una gran maleta y una pequeña mochila que le colgaba de su cuello y espalda. Su cabello alborotado se movía de acuerdo al viento, y sus manos sujetaban fuerte un fólder con unos dibujos elaborados por él mismo.



Jesús no quería ir de viaje, tenía un presentimiento tan acertado que cuando puso el primer pie en una de la gradas del autobús, soltó su fólder. Siguió, no tenía otra opción, se había resignado a terminar con esto de una buena vez. El niño era tímido, solo era amigo con quienes le presentaba confianza, y casi nadie en su salón se lo mostraba. Su mejor amigo, Alex, le había separado un asiento al lado suyo, casi al fondo del bus.

El ambiente del mismo bus era tan tenso para él, solo quería que esto eso se acabara.



De esta manera salieron de viaje, sin promesas ni augurios de mejorar, ni mucho menos la intención de darle gusto a sus compañeros de verlo con la moral alicaída. A pesar que le fastidiaba todas las bromas pesadas no se doblegaba por nada y no se mostraba afectado por lo que le hacían. Sin embargo, ni se le pasaba por la mente lo que el resto de sus compañeros de salón estaban preparando.



Ya de noche, a eso de las 9, fue en una de las paradas que hacía el bus, llegaron a un grifo para abastecer de combustible vehiculo que los transportaba. El profesor encargado estaba durmiendo, y casi todo el viaje estuvo así, solo estaba despierto el momento de la comida a bordo. Los alumnos bajaron del bus, como para que vayan a los servicios higiénicos del mismo grifo. Jesús bajó del bus con su amigo Alex. Era con el con quien se sentía bien protegido, ambos fueron al baño. De entre las sombras y muy cautelosamente, los otros compañeros los siguieron, apagaron la luz del baño y separaron a Jesús de Alex. El gran amigo de Jesús, siendo uno de los más recios del grupo no dejó de moverse para zafarse de casi los quince compañeros que lo sujetaban de todo el cuerpo. Luego, uno de ellos, se acercó corriendo y con un palo de escoba en sus manos que lo estrelló en la cabeza de Alex para desmayarlo. Como el suelo del baño estaba mojado, se resbaló y al llegar al suelo perdió el conocimiento.



Jesús estaba asustado, otros cinco chicos lo habían acorralado en una esquina del baño. El líder de estos, empezó a hablar:



- Así que no te damos miedo ¿verdad?

- No le tengo miedo a unos sujetos como ustedes- contestó Jesús con tono altivo

- Encima de todo te pones sabroso con nosotros- habló otro

- Se pueden ir al demonio ustedes juntos- al terminar de hablar, Jesús le tiró un escupitajo al líder.

- No perderemos tiempo contigo- dijo el mal compañero limpiándose la cara- hemos planeado algo especial para ti, así que antes que se vaya el bus…

- Eres un maldito- susurró Jesús y enviaba un fuerte puñetazo al bravucón.



Estando todo a oscuras, el malvado recibió el golpe, pero fue justo ahí cuando los demás los agarraron de las piernas y brazos. Un sexto se acercó con unas sogas y lo amarraron de pies hasta los hombros y lo arrogaron a la espalda del grifo. Dejándolo inconciente, todos se subieron al bus y nadie dijo nada de lo que había pasado.



Jesús estaba encolerizado, pero su venganza llegaría luego, porque su leyenda se escribe desde ahí.