viernes, 28 de enero de 2011

Los días que no estuve a tiempo

Me resultó traumático, no lo podía soportar. Y como un chiquillo perdido se fue corriendo sin ningún rumbo. Mis ojos estaban con lágrimas que no se desprendían fácilmente. No sé como podía correr, sabiendo que así no se solucionaría nada. Fue un dolor tan terrible y espantoso que no se experimenta así de la nada. Quería hablar conmigo, pero mis voces solo me gritaban, pero así era, yo fui el que había hecho mal y trataba de escapar de mí mismo. No lo soportaba. sentía como se hundía mi cuerpo como cuando alguien arroja una piedra en un vaso con agua. Fue un momento que no vi venir. Sentí como mi cuerpo se caía, el asfalto aguardaba mi llegada con un polvo tan particular de las pistas vehiculares. Resulta que no vi venir ese automóvil, estoy seguro que era un Stationvagon color verde oscuro. Me asusté al ver en el pavimento unas manchas de sangre, que se iban extendiendo más y más. Fue así como vi mi cuerpo, me extrañé al verme ahí, mi ropa favorita estaba sucia y bañada en sangre. Me estuve observando desde otro punto de vista. Mi cabeza había reventado del golpe, mis ojos ya no parpadeaban y alrededor mio una multitud que se cubrían los rostros al ver tal desafortunado final del chico que solo optó por correr de sus problemas. Fue entonces que me vi a mí, estando fuera de mi propio cuerpo, vi mis manos pero no mis pies. Casi de inmediato me di cuenta que me convertí en un espectro, un fantasma, un espíritu errante que ya no pertenecía aquí. En ese momento grité tan fuerte que sentí como mi garganta se reventaba de angustia, mas nadie me escuchó. Solo en ese momento de volví a ver, vi mi cuerpo al lado mio, y tan solo con eso me empezaron a doler las piernas que no tengo, me empezó a arder la cabeza que ya no es mia, empecé a sentir ese dolor asqueroso que sentía ahora en mi cuerpo sin materia. Me di cuenta que me había muerto, y en ese justo momento... quería hacer todo lo posible para quedarme. El hecho de no poder volver a ver, a sentir, a abrazar, a reir, a soñar me hicieron sentir pena por mi mismo. Una pena que no me gustó. Por eso ya no soy un cobarde, si tengo problemas los enfrento, no los huyo, porque esa es aparte de la vida, vida que ya no tengo. Puedo caminar por todos lados, pero nadie me contestará el saludo. soy un anima, soy un espíritu que te estará cuidando siempre, asi como tu me cuidas a mi.