sábado, 16 de abril de 2011

ESTE MALDITO DOLOR DE ESPALDA

Ouch! Haber dejado pasar un dolor producido desde hace casi 10 años, me ha causado un terrible malestar en mi espalda. Así es pues, cuando era pequeño me precipité jugando sobre una roca con forma de rueda y la caída fue tal que aquella roca me recibió con su lado más jorobado. Fue mi espalda, justo por las vértebras de la columna lumbar, y llegando al coxis, por donde recibí el impacto. Fue pues en el colegio, en un recreo de primaria, cuando justo había tocado el timbre de regreso a clase, el juego consistía en hacer rodar esa roca con las piernas (estando parado sobre ésta), ya todos habían pasado, justo en mi turno tocó el bendito timbre. No quería quedarme como aquel que se intimidó y no lo hizo. De extremo a extremo de un patio pequeño. Traté de hacerlo rápido, pero en medio de un giro no previsto, sentí como mi pie no pisaba donde debería. De pronto vi el cielo frente a mí, mi pie izquierdo volaba y el derecho tocaba la roca en el suelo. Mi cuerpo se iba hacia atrás junto con los brazos sin poder hacer nada. Recibí el golpe con las últimas vertebras de mi columna. El paisaje daba vueltas conmigo, y agradezco no haber recibido el impacto con la cabeza, pero ¡qué caramba de dolor el de ahora! En ese momento no dolía ni una pizca, es más me levanté con el miedo de que el profesor me gritase por llegar tarde.
Ahora, tengo 18 años, y no puedo a veces ni mantenerme en pie, el dolor que existe en la espalda es tanto así que siento como si alguien estuviera metiendo dos agujas finas y muy largas, a la vez frías y precisas justo en las últimas vertebras de toda la columna. La sensación de dolor es tan brusca por ratos que al menor movimiento puede activarse y dejarme inmovilizado en la posición en la que me encuentre. Un dolor nos indica en el cuerpo que algo no está funcionando como debería. Es una experiencia sensorial desagradable, que podemos experimentar todos los seres vivientes con un sistema nervioso. En mi caso, de los tipo de dolor que existen (punzante, opresivo, lacerante, etc.) experimenté principalmente el punzante. Hincones en la cintura tan precisos que te sorprenden y te hacen sacudir la cabeza con un movimiento de arco reflejo muy rápido.
El dolor apareció poco a poco, y lo dejé llegar a este extremo. Inmediatamente después de que el daño se vuelva insoportable e impredecible, cosa que no debí esperar, me embarqué en la búsqueda de un remedio efectivo. Existen un montón de respuestas al dolor de espalda, y las que encontré me llevaron al asombro. Al principio, como un dolor cualquiera y como todos cuando nos sentimos mal, recurrí al médico. Fui un día de verano de hace dos años al consultorio del doctor dentro del edificio “Las Palmeras”, llegué al cuarto piso entonces. Le tengo mucho respeto al doctor, es amigo de la familia, y siempre acurre a nuestros llamados. No era tan alto, ni gordo, su bigote era su insignia. Me dijo que si lo que iba a hacerme no me curaba, significaba que debo ir al psicólogo (por posible alto grado de estrés). Me revisó la espalda e hizo lo que supongo siempre hace, me dijo que aparentemente estaba normal. Después de revisar unas radiografías que nos pidió, solo me hizo aquello que se conoce como “infiltración”. Me inyectó a la columna, justo donde duele, un analgésico y un antiinflamatorio. Fue ahí donde experimente una nueva clase de dolor justo en la espalda y de nuevo donde me dolía. Al día siguiente estuve bien, parece que hizo efecto. Pero el alivio no duró por mucho tiempo, en menos de una semana, para ser más exactos fueron dos días después, que el dolor volvió con la misma intensidad de antes. Así pues, con el dolor palpitando en la parte inferior de mi espalda, sólo dejé que se pase, como usualmente ocurre. Es al menor movimiento que el dolor vuelve, sea cual sea el momento y sin ni siquiera intentar hacer algo brusco, sino el simple hecho de caminar podía provocar que se despertara el dolor.
Otra de las alternativas para solucionar el dolor de las cuales encontré es el masaje de relajación, es del tipo de masaje del cual se puede realizar en cualquier sauna, es un masaje que por decir, te pone las vértebras en su sitio, mas únicamente por un rato, luego regresa el dolor como antes, el tiempo de relajación depende de acuerdo a cada individuo, en mi caso pasó el dolor por medio día. Me llamó la atención como lo hacen, uno puede sentirse un emparedado ese momento. Te encuentras echado sobre esas camillas clásicas de masajes, no importa si boca arriba o boca abajo, y vierten sobre uno un montón de cremas, que unas calientan, otras relajan, y otras inclusive hacen bajar de peso. Recibía siempre la sesión con música de “la inolvidable”. No funcionó después de todo.
Ya cansado de este resultado y con el dolor latiendo al finalizar la columna, no tenía por donde encontrar algo aunque sea para que me alivie el dolor. Existen los parches fortificantes, que antes tenían cierto poder curativo, ahora lo único que hacen es incomodar con el pegamento adherible cuando ya se pasa el momento de alivio (que dicho sea de paso, el tiempo de consuelo del dolor es menor cada vez con estos parches). Al dolor que siento en las vértebras, se le puede sumar que por un tiempo mi espalda estuvo descubierta y me hice pasar frio directamente. Los ejercicios al aire libre y las clases de natación, crearon un nuevo dolor justo donde ya antes tenía el dolor incrustado como mondadientes en las encías.
Habiendo probado muchos métodos, me recomendaron ir a un “huesero”. Tenía que probar todo tipo de solución, así que indagué por uno bueno. Fui donde un señor, ya tiene su edad y parecía saber mucho. Me llamó la atención que también tenga bigotes (muy diferentes al de mi otro médico). Su mostacho tenía un estilo acantinflado. El huesero (quiropráctico con otras creencias) era del mismo tamaño que mi doctor y un tanto más joven. La frase que me dijo me asustó: “lo de tu espalda es muy grave, sobretodo porque ya viene de hace mucho tiempo, son años, así que hay la posibilidad de que si hacemos el ‘reajuste’ no funcione, solo te empeoraría la espalda y no haya remedio en ese caso, y si en caso si resultara lo que vaya a hacerte, no podrás hacer nada por lo menos unos meses”. Salí del lugar y mientras más me alejaba, más crecía la idea de no someterme a su tratamiento, el dolor en la espalda es horrible, pero no quiero arriesgarme a estar peor. Llegaban las crisis, el dolor es incomodísimo, no podía estar mucho tiempo de pie por la intensidad del dolor. Me preocupé más de lo normal pensando si estoy así ahora como estaré cuando sea mayor. Volví a los dos días, y bajo un miedo de poder malograr mi espalda, regresé donde el huesero (que resultó ser un quiropráctico más conocido de lo que creía, su consultorio estaba lleno ese día) y salí vendado de la cintura. Después de mucho tiempo, esta vez sentí como el dolor no se notaba. El dolor había bajado mucho. Para aliviar un poco más y desaparecer completamente el dolor, una tía de mi mamá le dijo que recurriera a las plantas medicinales, en especial aquella que al simple mencionar me causa escalofríos… Ortiga.
La ortiga es una planta llena de espinitas, es conocida por su alivio en el dolor muscular al poseer entre sus propiedades la cualidad de ser analgésica y antiinflamatoria. Al escuchar que puede ser una solución, sentí como un hilo de agua helada bajando por mi espalda ¿será en verdad posible? Pues fui y busque por esa planta, me dijeron que busque aquella que sea de tallo negro (es mucho mejor que la de tallo blanco y mucho más fuerte). Una vez que la encontré, me sorprendí por la cantidad de espinitas que tenía, así que con mucho cuidado lo llevé a casa. Antes de dormir debía frotarme aquella planta lleva de espinas en la espalda, no entendía como solucionaría eso al dolor, pero me la frote fuerte y constante. Experimenté una nueva sensación, las espinas de la planta de tallo negro me estaban hincando cada una, a eso, mi cuerpo empezaba a crear un calor propio muy agradable. Lo que no era para nada agradable era como esas espinas parecía que entraban en mi espalda y cada una empezaba a quemar, justo donde tenía ese maldito dolor de espalda. La sensación era soportable hasta cierto punto. Terminé la frotación, me sacudí y limpié mi espalda, pero el hormigueo continuaba, al ya no haber ninguna hoja ni espina en mi espalda, la sensación era como si siguieran ahí. Seguía hincando y seguía quemando. Sin hacer mucho con eso, me fui a dormir. Al día siguiente desperté y sentía como si mi espalda estuviera adormecida. El dolor estaba pasando. Fueron después de años, que el dolor en verdad se estaba yendo. Entonces continué frotándome uno que otro día. Hasta ahora, el dolor sigue, pero gracias a Dios que ha bajado mucho, continuaré con este remedio un tanto brusco, a pesar que me han dicho que no funciona. De no ser así, seguiré en el camino de poder curarme este dolor. Lo que deseo es podar caminar normal, como antes que me cayera sobre esa roca jorobada.

2 comentarios:

  1. Intentamos hacer de todo, buscamos de todo y quien sabe si al final la solución resulta ser tan simple. Saludos!

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  2. Hermanito estamos a 2013 hoy en dia, como te sientes?

    Un abrazo

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